lunes, 8 de abril de 2013

Introspección Salvaje - Parte 2

Segunda parte de mi introspección. Soy un hombre peligroso (sé que lo soy; tengo opinión propia después de haber rumiado las opiniones de otros durante el tiempo suficiente y haberlas sopesado en forma adecuada) y lo voy a demostrar tirando munición pesada contra muchos prejuicios. Munición pesada pero bien fundada, espero. También soy un pichón de filólogo; eso también lo sé; pueden bajarme de un hondazo desde mi condición, mas no desde las opiniones que sostengo. O al menos, repito, eso espero. Si algo me enseñaron los griegos es a no llegar a la hybris... Pero también me enseñaron a que siempre una posición se defiende con argumentos sólidos.

De todas maneras, confieso que estos no son mis argumentos de mayor peso. Tengo armas químicas argumentativas guardadas para cuando estalle la guerra.

Hablaremos un poco de la enseñanza del griego. En la Parte 1 de la Introspección hablamos de la unidad de la lengua y cultura griegas. Fundamental para entender las palabras que pronunciaré a continuación.

Por supuesto, a pesar de lo dicho, se tratará de palabras que atacan ideas, no a personas, porque, en ese caso, yo también sería objetivo de mi ataque. Lo que se pretende es que los alumnos tengan un mayor acercamiento a la lengua griega; no se pretende menospreciar las competencias de nadie. Sí, en todo caso, criticamos la forma en que transmitimos al alumno nuestro amor por el griego, porque, según veo, no lo hemos estado haciendo de forma adecuada. Todo por sostener una tradición renacentista que se muestra como insostenible al menos en algunos aspectos. Y veremos por qué.

Mis debates con estudiantes y profesores me hicieron ver que éstos me formulan dos preguntas: 
  1. ¿Por qué se debería dar griego como lengua viva, si el objetivo de la enseñanza del griego en la universidad es la interpretación de textos antiguos?
  2. Aceptando que se debe dar griego como lengua viva, ¿por qué se debería dar griego clásico? ¿No sería mejor empezar por el griego moderno?
Creo que son buenas preguntas, preguntas que merecen una respuesta elaborada. Son preguntas para las que debe tenerse en cuenta, en primer lugar, el objetivo de la enseñanza, y en segundo lugar, el tiempo que debe durar la misma.

Antes de responderlas debemos hacer unas consideraciones.

A. Descripción (subjetiva) del sistema educativo actual (en Bahía Blanca) y del lugar que el griego ocupa en él


"¡Qué deplorable era el sistema que, aniquilando todo interés humano y toda belleza en un asunto que está lleno de humanidad y de gracia, enseñaba una lengua [el griego], y la más flexible de todas las lenguas humanas, como si fuera una serie de fórmulas algebraicas! ¡De cuán buena gana se hubieran aprendido esas secas irregularidades si primero hubiese estado encendida la imaginación!... Pero en la época en que yo aprendía griego, los métodos de los catedráticos se parecían al método de alguien que, haciendo a sus discípulos rajar leña seca, esperara enseñarles cuál era la naturaleza de los árboles que una vez había hecho murmurar el viento en las colinas del Ática".

E. F. Benson, As we were, Londres, 1930, pp. 133-134 (citado por Gilbert Highet, La tradición clásica (Antonio Alatorre, trad.) Tomo II, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, p. 293)

Para empezar, en mi país no hay formación primaria ni secundaria en griego, a menos que alguien lo haga como materia optativa o extracurricular, en cuyo caso optará por el aprendizaje del griego hablado actualmente, o lo tenga en alguna selectísima escuela privada. En Buenos Aires conozco casos en que se enseña latín. No conozco mucho más. 

De modo que la formación en griego comienza en la universidad. Voy a hablar de mi universidad, la Universidad del Sur, Bahía Blanca. Actualmente tenemos 2 niveles de griego clásico obligatorios para las carreras de Filosofía y Letras (Lengua y Cultura Griega I y II), más un tercer nivel optativo para quienes sigan la orientación en Clásicas, y la materia Literatura Griega, en donde se profundizan las cuestiones de la lengua y las cuestiones hermenéuticas, propiamente filológicas.

Paralelamente (sin correlación ni relación alguna), se dicta el Lectorado de Griego Moderno, con 3 niveles y un cuarto dedicado a la conversación. Pero el Lectorado no es obligatorio para ninguna carrera; antes bien, es una actividad totalmente extracurricular que pueden tener los alumnos de cualquier carrera universitaria.

Cada una de todas las materias citadas dura 1 cuatrimestre. De modo que la enseñanza de Griego Moderno comprende 2 años y la de Griego Clásico, dos años, si hacemos Griego III y Literatura Griega; de lo contrario, variará de 1 año a 1 año y medio.

En el caso del Lectorado, la enseñanza es adecuada, porque se toma un contacto con la lengua a nivel usuario en la que se despliegan especialmente competencias orales (comprensión auditiva y expresión oral), con muy pequeñas referencias al período clásico del griego. Aquí el griego se comprende como una lengua viva y se da la posibilidad de hilvanar frases por parte del alumno, además de escuchar canciones (actuales) y presenciar algunas costumbres y danzas griegas mediante documentales y videoclips. Una cultura viva. Tal vez el problema sea el poco tiempo que hay para asimilar las estructuras aprendidas (pero esto responde más bien a cuestiones propias del sistema universitario; el alumno que quiera puede repetir la experiencia para desarrollar sus competencias en griego).

No ocurre lo mismo en el caso del griego clásico. La enseñanza sigue el método gramática-traducción. Voy a hablar del primer nivel del que formo parte. Se hace una breve introducción, se muestra el alfabeto, se dedica muy poco tiempo a la pronunciación de cada una de las letras (pronunciación erasmista) y a continuación se procede a los ejercicios de traducción.

Aquí se comprende que la enseñanza de la morfología es fundamental para comprender y traducir los textos en griego. Se explica brevemente la noción gramatical de caso y se exhiben los cinco casos que posee la lengua, indicando su función sintáctica (haciendo un breve paneo sobre nociones fundamentales de sintaxis y morfología). A continuación se empieza por enseñar las dos primeras declinaciones y los tiempos presente e imperfecto, del verbo eimí y los verbos "regulares" (por ejemplo luw o paideuw), dando indicaciones sobre los fenómenos lingüísticos que ocurren dentro de la palabra, especialmente los referidos a la acentuación.

A partir de allí, se desarrollan los ejercicios. Ejercicios morfológicos, en los que se pide el análisis morfológico de la palabra o algún que otro cambio de caso, y luego ejercicios de traducción, en los que se pide, además de ella, el análisis morfológico y sintáctico. Se empieza primero por "frases nominales" para luego, a continuación, traducir oraciones cortas en los que se desarrollan todos los casos de las declinaciones vistas y los tiempos verbales ya especificados, y finalmente traducir pequeños textos (con modificaciones, a veces) tomados de los clásicos. Hasta hace unos años trabajamos con novela pastoril (Dafnis y Cloe) y el año pasado trabajamos con la Biblioteca de Apolodoro, recreando los mitos de la Ilíada. 

Después del primer parcial, se da (casi) toda la tercera declinación, indicando con sumo cuidado los fenómenos lingüísticos que justifican la presencia de determinadas formas (por ejemplo, la caída de sigma intervocálica, alargamiento por compensación, etc.), y se termina de dar el modo indicativo del sistema verbal: futuro, aoristo y perfecto en todas sus voces, así como los verbos contractos (ejs. timáw, filéw, dhlów), los verbos consonánticos (cuyo tema termina en consonante oclusiva), los "aoristos segundos" (élipon, épeson), los "perfectos fuertes y aspirados", para culminar en una (tediosa y que unos pocos elegidos del Señor entienden) explicación (lingüística) de la formación del tema temporal de presente y la confección del paradigma verbal. También se explican los participios (de todas las voces, con sus respectivas declinaciones) y los infinitivos.

Todos estos temas se profundizan mediante la ejercitación morfológica, sintáctica y de traducción. Todos estos son los temas del segundo examen parcial. En el examen final se trabaja un fragmento escogido de los autores clásicos (original, sin modificaciones por lo general).

La "parte cultural" (tan solicitada por los alumnos, especialmente los de Filosofía) en el primer nivel está bastante relegada, salvo por alguna conclusión tomada de la lectura de la oración o texto escogido como ejercitación.

Esto es lo que ocurre en el primer nivel. El segundo nivel es algo bastante más relajado: no se exige la morfología a pesar de que se dan los verbos en -mi y se concluye con el sistema verbal, con los modos optativo, subjuntivo e imperativo. Se hace mucho hincapié (siempre desde un punto de vista lingüístico) en la cuestión de la sintaxis y de las modalidades de la frase (podríamos decir que es una cuestión sintáctico-semántico-pragmática). La parte cultural se la tiene mucho más en cuenta, sobre todo porque se leen fragmentos extensos de obras literarias en griego (y se exige la lectura de las obras en castellano) y a partir de ellas surgen las interpretaciones filológicas y culturales, especialmente. La experiencia aquí, en efecto, es más amena.

El tercer nivel está dirigido a quienes nos especializamos en esto y por lo tanto se profundizan todos los contenidos culturales y lingüísticos, con nuevos textos a traducir y distintas interpretaciones. En Literatura Griega se pone más énfasis en la parte interpretativa, aunque sin descuidar la parte lingüística, que ya se presupone como vista, porque Literatura Griega vendría a ser como un "Griego IV", aunque no sea exactamente eso. Antes bien, se profundiza la cuestión de la literatura y se analizan distintas obras literarias desde una perspectiva histórico-genérica (tómese este adjetivo en sentido estricto).

Bien. Entonces el problema se halla fundamentalmente en el primer nivel de griego. 

B. Crítica a Griego I


Maxima debetur pueris reverentia.
(Se debe el mayor respeto a los alumnos)

Me limitaré a repetir lo que supuestamente dijo Aristóteles sobre su maestro: amicus Plato, sed magis amica veritas (Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad).

Teniendo esto en cuenta, no es la calidad pedagógica personal de cada uno de los docentes de la materia el objetivo de mis ataques; no me corresponde hacer semejante evaluación. Cada uno de mis maestros sabe bien cuánto los aprecio y admiro. Antes bien, de lo que se trata es de criticar el método en el que se ellos han inscrito por tradición, método por cierto que deja todo el quehacer para el alumno y total comodidad para el docente. ¿Por qué digo esto? El docente se limita a explicar las formas y a corregir las traducciones y la sintaxis. Ni siquiera le hace falta conocer el vocabulario del griego clásico. En ese sentido sostengo que el método gramática-traducción es cómodo para el docente; no le hace falta conocer la lengua en cuanto usuario, sino en cuanto lingüista. Sin embargo la reflexión lingüística, en la natural gradación del conocimiento humano, es posterior al uso, y no al revés. Al mismo tiempo, el método es excesivamente tedioso para el alumno: éste se ve obligado a escribir, repasar y memorizar todas las formas aprendidas, y luego ir a una oración o a un texto largo y ver cómo esas formas que aprendió más o menos de memoria encajan en el texto, resultando en una lectura "palabra-por-palabra" despojada de una idea de conjunto o totalidad del texto u oración, que a veces ni siquiera puede leer en voz alta porque no se pone suficiente énfasis en la pronunciación. ¿Cómo es posible esto, tratándose de una cultura que desde sus inicios ha considerado a la oralidad una parte muy importante de su tradición? 

De lo que se trata para el alumno es de la aplicación de un esquema (de aquí que el método también se llame deductivo) cuyas bases se hallan en la morfología y en la sintaxis en cuanto que ésta es posible deducirla a través de la morfología. Se parte de la "regularidad gramatical" para el conocimiento de los textos griegos, cosa algo aberrante si tenemos en cuenta el sistema verbal y nominal griegos, que muchas veces escapa a las "regularidades". Pero nuestro pobre alumno se las ve en figurillas a la hora de preguntar por dudas: éste puede ser interpelado por no haber estudiado las formas lo suficiente, en lugar de responderle la duda. Tal actitud está en la esencia del método mismo, tal es el método que por tradición se vino aceptando desde que la cátedra "Griego I" apareció en la Universidad del Sur, por el año 1958, a cargo de la profesora Elva Pino de Arata, profesora que se mantuvo inamovible en cargo hasta 1991 aproximadamente.

(Sostengo que la huella que ha dejado esta primera profesora ha sido ponzoñosa y lamentablemente sigue vigente. Baste cotejar los programas de estudio hasta 1991 para ver el énfasis patológicamente obsesivo puesto en la morfología)

Semejantes errores metódicos y, a mi juicio, totalmente anti-naturales para la progresión del conocimiento humano y para la esencia de la lengua y la cultura griegas, se arrastran en los siguientes niveles de griego.

Y me atrevo a decir que este método, en contraposición con el de griego moderno, ha fomentado la tajante división entre estos dos períodos históricos de la lengua griega, porque en efecto los alumnos ven dos lenguas distintas. Eso es lo que de hecho me pasaba a mí hasta que esbocé la hipótesis de que el griego clásico se puede enseñar de la misma (o mejor) manera que el griego moderno, con los mismos (o mejores) resultados que se tiene en griego moderno (y con mucho mejores resultados que los actuales en griego clásico).

(Esta división tajante proviene de la tradición occidental renacentista en el mal sentido del término y de la tradición cristiana jesuita, que fue la que impulsó en América Latina los estudios de griego clásico y latín; sobre esto hablaremos en otros posts)

Hay otra cuestión (muy importante) subyacente a todo esto, que es la despreocupación por la docencia y el cuidado excesivo que se pone en investigación. Me parece muy bien que haya investigación y publicaciones, pero, ¿hasta qué punto eso no mina el propio sistema universitario, en el que es necesaria la transmisión adecuada del conocimiento para generar nuevos especialistas que continúen con la tradición investigativa? Eso está suficientemente denunciado en un libro de 2001, que destila ironía ácida por todos lados, llamado "Who killed Homer? The demise of classical education and the recovery of Greek wisdom" de Victor Davis Hanson y John Heath. En este libro se denuncia el enfermizo énfasis puesto en la investigación en el ámbito norteamericano. Citaré un fragmento del libro:

Again, who killed Homer? Not television, not the "administration", muss less modernism, technology, or even social science. We did it-we Classicists of the present generation whose duty was to pass on the Greeks to another generation. And why did we do it? For our own very short-term gain, for a few paltry offices and titles, some small sense of self-importance, the pathetic smugness of belonging to the latest esoteric sect, a bit of money- all the usual companions of sloth, greed and arrogance. Nothing really more dramatic than that.

So far have we in Classics now fallen that we scarcely know what to do if we wanted to resurrect our field, if we ever again wished to teach Homer and make others love the Greeks as we should.

Traducción:
Otra vez, ¿quién mató a Homero? No fue la televisión, o la "administración", mucho menos el modernismo, la tecnología o incluso las ciencias sociales. Fuimos nosotros - nosotros los clasicistas de la generación presente cuyo deber era transmitir los griegos a otra generación. ¿Y por qué lo hicimos? Para nuestra sola ganancia a corto plazo, por unas pocas oficinas y títulos, un mezquino sentido de auto-importancia, la patética presunción de pertenecer a la última secta esotérica, un poco de dinero - todas ellas muestras usuales de pereza, codicia y arrogancia. Realmente nada más dramático que eso.

Hasta ahora hemos caído en Clásicas que apenas sabemos qué hacer si queríamos resucitar nuestro campo, si acaso deseábamos nuevamente enseñar a Homero y hacer que los otros amen a los griegos como nosotros deberíamos.

El capítulo XXI del libro "La tradición clásica" de Gilbert Highet es "demoledor" y cita numerosos testimonios de estas actitudes. Los eruditos Horacio Cárdenas y Carlos Ronchi March también denuncian a los "inhumanos profesores de Humanidades", en el libro de Horacio Cárdenas, "¿Tienen sentido en Latinoameríca los estudios clásicos?", Buenos Aires, Publicaciones de la Embajada de Venezuela, 1977.

Los resultados de este método son algo catastróficos; especialmente el año pasado la relación entre los alumnos que comenzaron a cursar y los alumnos que seguían en la materia después del primer examen parcial era de 10 a 2. Un ex-alumno, que perdió la materia, me preguntaba "¿Entonces qué? ¿Esto significa que somos casi todos ineptos, que no estudiamos? Lo normal sería que desaprueben menos de la mitad y no al revés". Pues bien: creo que este alumno "vago e inepto" tiene razón.

Acabamos de realizar una lapidaria crítica al método gramática-traducción cuya ineficacia es empíricamente comprobable, más teniendo en cuenta el lamentable estado de la educación argentina actual, más teniendo en cuenta que nuestra misma estructura cognoscitiva se está adaptando a nuevas tecnologías que almacenan nuestra memoria en forma de datos. En efecto, la mente humana está, en mayor o menor medida, delegando a Internet las funciones que antes confería a la exclusiva actividad del cerebro.

Lo peor que podemos hacer es naturalizar estas cuestiones. Porque esto no sucede sólo con griego y latín. Sucede con un montón de materias en un montón de carreras en la universidad. El alumno suele naturalizar esto pensando que se trata de su propia ineptitud o vagancia, y lo peor, suele pensar que así es la manera natural de enseñar, con lo cual, si éste asume como profesor, repite el esquema.

Pero desde luego no quiero hacer una apología de la vagancia o de la des-memoria. Tampoco quiero negar que, a pesar de todo, hay quienes nos adaptamos a estos métodos (sin ser por ello más inteligentes o más estúpidos que nadie en particular) y podemos salir airosos y hasta felices de nuestro pasaje por estas experiencias (este humilde servidor les está escribiendo estas líneas porque hace más de 5 años que, orgulloso, forma parte de la cátedra). Lo que yo me pregunto es: ¿por qué, a pesar de nuestra buena voluntad como docentes (somos gente de buena voluntad y buena fe, y queremos que a todos los alumnos les vaya bien), no logramos transmitir adecuadamente nuestra buena voluntad; antes bien, parece que nos estamos contradiciendo, utilizando un método a todas luces contra-intuitivo que ni siquiera enseña al alumno un idioma y una cultura, sino mera terminología gramatical y al mismo tiempo un método (el mismo que usamos para enseñar) que seguir a rajatabla sin desviación permitida, generando subrepticiamente prejuicios infundados a través de los mismos prejuicios infundados que hemos aceptado por tradición inconsciente de sí misma?

¿No parece claro, por la fuerza de la evidencia y los argumentos aquí esgrimidos, que hay en efecto un problema con la enseñanza del griego clásico?

Tenemos un año para enseñarles a los alumnos los rudimentos del griego. ¿Por qué vemos en la morfología (en la morfosintaxis) un criterio de progreso en la comprensión de un texto clásico o de un idioma? Tal parece ser la concepción bajo la cual se aplica este método. Es cierto que muchas supuestas "irregularidades" se explican lingüísticamente (caída de sigma intervocálica, contracción, alargamiento por compensación, etc.), pero ¿en qué medida eso ayuda a la comprensión del texto griego, principal objetivo, como se dice, de la materia?

Debemos sopesarlo adecuadamente; no creo que deba eliminarse pero debe restársele algo de importancia, explicando lo necesario en relación al lógos total que constituye el texto y no al revés. Si bien sabemos que la morfología griega es importantísima para el aprendizaje de la lengua dada su complejidad, no debe ser el criterio de progreso en la comprensión de los textos clásicos. Es necesario que busquemos alternativas si queremos dejar de perder alumnos masivamente y transmitir adecuadamente nuestro amor por la lengua y la cultura griegas.

C. ¿Qué alternativas tenemos?

El profesor Santiago Carbonell, en su artículo "La crisis del griego antiguo y los métodos antidepresivos" hace alusión a la crisis del método en la enseñanza de las lenguas clásicas.

En Latinoamérica sucede lo mismo o tal vez peor, sumado al hecho de que nosotros debemos preguntarnos si en efecto tiene sentido el estudio del griego clásico en nuestras universidades. Existe el prejuicio de que el estudio del griego y del latín remite a una obsecuencia para con el eurocentrismo y para con el catolicismo (especialmente en el caso del latín aquí). Claro está que todavía nosotros hemos de resolver la "querella de los antiguos y modernos". He hablado algunas de estas cosas en posts anteriores, y por ahora no volveré a hacerlo.

Después de la crítica al método gramática-traducción, parece que tenemos dos alternativas para la enseñanza del griego clásico en nuestra universidad: 
  • o bien darlo como lengua viva (que es lo que nos proponemos en el blog), utilizando un método comunicativo, 
  • o bien, si tenemos en cuenta el tiempo y la finalidad que exige la universidad, utilizar un método inductivo-contextual, en el que se pone énfasis en la comprensión textual pero siempre tratándolo como lengua viva.
Considero, en principio, que en nuestra universidad se hace imperioso seguir el método inductivo-contextual, porque es el que pone más énfasis en la comprensión textual al tiempo que utiliza la dosis necesaria de tiempo para que el alumno pueda, en mayor o menor medida, asimilar los contenidos, y a la vez, para que el docente cumpla con eficacia la cantidad de contenidos propuesta en el programa de las materias.

El método comunicativo pone mucho énfasis en la práctica oral. La práctica oral haría justicia a la lengua y a la cultura griegas en su esencia. Pero también es cierto que hay un tiempo determinado y la materia en sí persigue objetivos determinados. Tal vez el método comunicativo sea un espacio que haya que ir ganando con el tiempo, siendo este blog, esperamos, el primer paso.

Pero, como denuncia el profesor Carbonell, no hay un manual adecuado de griego clásico que siga este modelo inductivo-contextual de enseñanza, salvo el material que él mismo aporta.

Voy a hablar sobre uno de los desarrollos pedagógicos "discrepantes" de que disponemos en mi país.

Tengo en mis manos dos libritos llamados "Guía para el aprendizaje del griego clásico" 1 y 2, de los profesores argentinos Lorenzo Mascialino y Victoria Juliá. Estos manuales se hallan a medio camino entre el método gramática-traducción y el método inductivo-contextual.

La propuesta es interesante porque apela a la inducción: aprender la gramática por los textos en lugar de aprender los textos por la gramática. Con lo cual hay una ventaja importantísima con respecto al método deductivo, que es la de aprender la gramática en simultáneo con los textos, siendo la enseñanza gramatical una conceptualización posterior a la visualización del texto. 

Aunque no nos satisface en los siguientes puntos:
  • No trata al griego antiguo como lengua viva. Con esto se quiere decir: los ejemplos y ejercicios son tomados de los autores clásicos, con lo cual hay allí una pretensión de no tocar lo inmaculado del monumento clásico, de no producir textos.
  • La gramática sigue siendo la principal protagonista, ya que los ejemplos y ejercicios están destinados a aprender las construcciones gramaticales (aunque desde un punto de vista más sintáctico que morfológico, lo cual es un gran avance).
  • La oralidad sigue quedando relegada al plano de la lectura y no de la producción, además de que utiliza sin mucho preámbulo la pronunciación erasmista.
  • Por otro lado, en contradicción (a mi juicio) con el carácter inductivo, no hay contexto comunicativo: las frases-ejemplos están destinadas a la apropiación de las formas morfosintácticas, y no se presta atención ni al vocabulario ni al contexto de la misma frase. En todo caso, el profesor bien puede apelar a suplir la falta de contexto, pero para el vocabulario debemos volver al diccionario.
Con lo cual la práctica docente corre el riesgo de volverse, una vez más, a la deducción. Aunque la propuesta del libro sea distinta, porque ya pondremos menos énfasis en la terminación de las palabras y más en el todo de la frase partiendo del verbo como núcleo. El libro por sí mismo nos muestra que ésas son sus pretensiones, antes que volver a la deducción.

Como vemos, mi crítica se dirige a las cuestiones ideológicas acerca del griego que se traducen en acciones y pretensiones de enseñanza concretas. Porque se sigue tratando al griego como lengua muerta, con todas las inconsecuencias históricas que ello plantea, como vimos en la primera parte de la introspección.

Las consideraciones anteriormente expuestas me permiten responder a la primera pregunta arriba formulada.

D. ¿Por qué se debería dar griego como lengua viva, si el objetivo de la enseñanza del griego en la universidad es la interpretación de textos antiguos?

Por la unidad de la lengua y la cultura griegas sostenida a través de 4000 años, nosotros aspiramos a dar griego antiguo como lengua viva. Y a mi juicio la mejor manera de ser consecuente con la esencia de la lengua y la cultura griegas al tiempo que con los objetivos y tiempos de la materia y el sistema universitario del que disponemos, es la utilización de un método inductivo-contextual, método que desarrolla más ágilmente competencias de comprensión textual, siendo la práctica oral un espacio no sólo de lectura, sino también de expresión, que puede ser progresiva y paulatinamente explotado como excusa para la comprensión textual, planteando ejercicios adecuados a estos efectos (entre los que bien pueden incluirse ejercicios de expresión escrita). Con el tiempo fomentaremos un método comunicativo en el que se respetará plenamente la esencia de la lengua y cultura griegas.

Por supuesto, podemos preguntarnos qué lugar queda para la reflexión gramatical. La reflexión gramatical siempre debe ser posterior a las competencias adquiridas, pero eso no significa que sea una reflexión marginal. Puesto que se trata de adquirir el dialecto ático, no hará falta que nos vayamos en explicaciones lingüísticas vinculadas a la historia de la lengua o a una visión pandialectal del griego, sino que nos dedicaremos a la enseñanza del dialecto con sus peculiaridades gramaticales, de la misma manera que se enseñan en las escuelas de lenguas vivas (la selección de un dialecto estándar, a veces considerando brevemente algún que otro dialecto no estándar).

Esto dará tiempo a hacer la tan deseada reflexión cultural, por una sencilla razón: la adquisición de la cultura se logra reflexionando sobre el caudal léxico de que disponemos. De modo que el vocabulario y su asimilación es el nexo fundamental entre lo que llamamos "lengua" y lo que llamamos "cultura". En efecto, ¿cómo podemos saber cultura griega si no conocemos su modo de ordenar el mundo? Y por otro lado, ¿conocer el modo de ordenar el mundo es conocer las terminologías gramaticales y las terminaciones morfológicas de las palabras?

Con ello en mente, se podrá enfatizar en cuestiones filosóficas y filológicas, tanto en lo que haga a la reflexión sobre el método interpretativo (del que Gadamer, filósofo que habla de la filología y la historia, podría ser un buen ejemplo) como en la reflexión sobre el contenido filosófico y literario de los mismos textos estudiados, siempre de manera paulatina y acorde a la exigencia gradual que propone el método inductivo-contextual.

Los demás dialectos históricos y cuestiones intrínsecamente referidas a la lingüística histórica pueden adquirirse en el tercer nivel de griego, además de profundizar lo filológico/filosófico/cultural. En Literatura Griega se verá desde una perspectiva histórico-genérica la cuestión literaria, como su nombre lo indica, siendo ésta, como lo es de hecho actualmente, una materia para Letras.

Las comisiones de Griego además deberán estar divididas en Filosofía por un lado y Letras por el otro, a mi entender.

Esto, a mi juicio (repito), hará que se logre más ágil, fluida y eficazmente la meta de la comprensión de los textos clásicos, acorde con los respectivos intereses de las carreras de los alumnos. 

Lógicamente, podemos estar equivocados, pero me parece que es un experimento que debemos realizar, antes que sentarnos y esperar cómo la materia reduce su matrícula al tiempo que los alumnos encuentran más y más motivos para quejarse y colocar estas materias en la alta entropía de las materias optativas... (si al menos fueran optativas pero no se perdieran en una maraña de desinformación acerca de qué materias optativas podrían hacerse, sería algo más interesante)

Ahora vamos con la segunda pregunta arriba formulada.

E. Aceptando que se debe dar griego como lengua viva, ¿por qué se debería dar griego clásico? ¿No sería mejor empezar por el griego moderno?

¿Por qué no? En nuestra universidad tenemos al mejor profesor de griego moderno de estas pampas. ¡Para todo alumno de griego clásico debe ser tarea imperiosa asistir a las clases de griego moderno!

Pero nuestra tarea es dar griego clásico. Remarquemos nuevamente que no son lenguas distintas. Simplemente son distintos períodos históricos de la misma lengua, como decimos. Vamos a ver por qué nos proponemos dar griego clásico y no moderno.

A los efectos de las carreras de Filosofía y Letras, para griego clásico se requieren otra clase de competencias que no necesariamente la da la formación en la lengua griega hablada actualmente. Porque dicha formación pretende formar usuarios que hablen griego, no importa la carrera a que pertenezcan. En nuestra cátedra, por el contrario, se pretende estimular las cuestiones filológicas y filosóficas como marco en el que nos hallamos inscritos.

(Sería interesante lograr una articulación de tiempos con el lectorado de griego moderno)

Y enseñar el dialecto ático del siglo V a. C. (o incluso puede tomarse la koiné del período helenístico) es fundamental. Aquí sí estamos siendo clasicistas; aquí retomamos el ideal renacentista. Porque si en nuestra carrera vemos autores europeos occidentales (medievales, modernos y contemporáneos), los griegos antiguos son los que han influido sobre éstos en mayor medida, especialmente la épica, la lírica, el teatro antiguo, Platón, Aristóteles y las escuelas helenísticas.

Desde luego, esto no significa que pensemos que los autores griegos tardoantiguos, medievales y modernos no hayan influido sobre Occidente, ¡tal cosa sería una aberración! En este sentido, es necesario que en un segundo nivel de griego retomemos el griego medieval tanto lingüística, como literaria y filosóficamente, así como las producciones literarias y filosóficas modernas. Al menos creo que tendremos que darnos tiempo para el griego medieval, no sólo por la influencia de éstos en Occidente sino también por la esencia misma de la orientación de la universidad "estudios clásicos grecolatinos". Si en la parte latina entran las cuestiones medievales, ¿por qué no para la griega también?

Partiendo desde el dialecto ático del siglo V a. C., daremos una visión histórica enfocada en Occidente. Pero también ampliando la visión hacia el desarrollo de la propia cultura griega en sus manifestaciones medieval, moderna y contemporánea podremos observar la continuidad de esta cultura y tendremos más herramientas para analizar la influencia de la cultura griega sobre la occidental contemporánea de que formamos parte.

F. Conclusión general de la Introspección

Las preguntas que he (que me han) formulado no me pasan desapercibidas; en la misma formulación de las preguntas se deja ver que yo también tengo prejuicios y juicios sobre cómo deben ser las cosas. Por supuesto, debemos hacer que los juicios no sean precipitados y que los prejuicios, reducidos al mínimo posible, sean sacados a la luz. Debemos enseñar griego clásico como lengua viva; como lengua viva por todas las razones que hemos aducido; griego clásico porque, justamente, es "clásico", ¡¡¡no sólo para Occidente, sino también para la propia cultura griega!!! Y es justamente el concepto de "clásico" el que nos dice que no debemos quedarnos en la mera recepción pasiva, sino en la revivificación activa de (pero siempre influenciada por) ese período histórico de esa lengua tan maravillosa que ha cautivado el espíritu occidental y cuya longevidad y unidad cultural asombra y deleita al mundo.

Tal vez, para resolver la querella entre antiguos y modernos y eliminar los errores del Renacimiento, sea necesario ir más allá y hacer una Crítica de la razón clasicista.

martes, 2 de abril de 2013

Libro de Palimpsestos

El año pasado me presenté a las 2º Jornadas Palimpsestos, organizado por el Departamento de Humanidades de la Universidad del Sur y por el Centro de Filología Clásica Antigua y Medieval de la misma.

Pues bien, allí salió publicado un artículo mío (que presenté "en exclusiva" en este blog) y ahora salió el libro "Palimpsestos: Escrituras y Reescrituras de las Culturas Antigua y Medieval". La presentación es el 5 de abril de 2013 a las 18.30 hs, en la Casa de la Cultura de la UNS.

Aquí se lo pueden descargar en formato PDF. También hay varios artículos de gente amiga, así que, disfrútenlo.


lunes, 1 de abril de 2013

Introspección - Parte 1

La universidad no sólo es formadora de ideas, sino también de prejuicios, en cuanto que éstos se hallan sustentados y suscitados por estas ideas. La educación en general, en realidad.

A raíz de charlas y debates con algunos estudiantes, me veo en la necesidad de hacer una introspección. Un buen hermeneuta, un buen intérprete, un buen filólogo, debe hacerla, si quiere que sus ideas no se terminen convirtiendo en prejuicios, o mejor aún, si quiere que esos prejuicios se sostengan por ideas, por la sola fuerza de los argumentos. Y hacer conscientes los prejuicios de esa manera.

Me hallo enmarcado en una tradición, a una serie de ideas con sus prejuicios. Pero, aunque no pueda ser 100% libre de prejuicios (tal es nuestra condición humana; negar esto es negar la condición humana; negarlo es sostener un prejuicio en contra del prejuicio, como dice Gadamer), debo ser consciente de ella de forma tal que pueda apegarme a la tradición pero de manera crítica, siempre argumentando todo lo que mi intelecto me permita.

Por ejemplo, sostengo la unidad de la lengua y la cultura griegas. El griego antiguo no es más que un período histórico de la misma lengua que continúa hablándose hoy en día, es decir, el griego. ¿Esto constituye un prejuicio? No, ciertamente no es un prejuicio, sino un juicio (de carácter general, tal vez) sustentado por evidencias lingüísticas y filológicas de que los cambios que ha sufrido la lengua griega a través del tiempo han sido mínimos. Si nosotros hablamos griego antiguo con un nativo, nos entendería (especialmente si vamos a la zona cercana al Mar Negro, donde el dialecto póntico-capadocio todavía guarda con recelo aspectos antiquísimos del período antiguo) aunque le parecería que hablamos en una lengua "antigua" o "conservadora". Sin ir más lejos, la mayoría de los signos ortográficos del griego (acentos y espíritus) quedaron en desuso sólo hace 30 años. Y en el siglo XIX se suscitó una controversia muy fuerte sobre cuál sería el modelo de lengua a enseñarse y a considerarse como estándar: si la καθαρεύουσα (katharévousa (es decir, la lengua "purificada"... los que conocen la morfología griega entienden perfectamente que éste es un participio femenino del verbo καθαρεύω (katharévo, "purificar"), totalmente extraído de la lengua antigua y cuyo uso perdura en la lengua griega actual) o la δημοτική (dimotikí, es decir, la lengua "popular"... aquí también la palabra es bien antigua). Obviamente, hubo cambios a través del tiempo... Se simplificó el riquísimo sistema verbal antiguo, se suscitaron cambios de timbre fonéticos, cambios en la fonética que hacían necesarias reformas en la ortografía... Pero a lo largo de 4000 años de existencia, el cambio ha sido realmente mínimo. Palabras atestiguadas en tablillas escritas en Lineal B (escritas hace 3500 años) todavía siguen usándose en griego moderno, por ejemplo la palabra "trípode", sin ir más lejos. No se trata de minimizar las diferencias, sino que realmente son mínimas si tenemos en cuenta que 4000 años de existencia no es poca cosa. Si comprobamos lo sucedido con el latín, que dio lugar a múltiples lenguas romances, nos daremos cuenta de eso: se perdió el sistema gramatical del latín y se abrieron paso muchos sistemas gramaticales. Por supuesto el cambio no fue abrupto, sino gradual, pero esos cambios no fueron superficiales como en el caso del griego: como ya digo, del latín a las lenguas romance se vieron afectados el sistema morfológico, el sintáctico, el fonético y sobre todo el semántico, al punto tal de que un hablante de español, o portugués, o francés, o italiano, o rumano no puede entender con claridad latín sin ser instruido adecuadamente. Reconocerá, sí, algunas palabras y accidentes gramaticales, dependiendo de la cercanía que guarde el latín respecto de la lengua del hablante, pero no podrá leer un texto de corrido sin instrucción.

Ahora bien, así como la extensión en el tiempo no restringe la unidad de la lengua griega, sino que, por el contrario, la afirma, otro tanto puede decirse de la extensión geográfica. Los dialectos griegos guardan diferencias en el aspecto fonético y morfológico. Pero el sistema semántico y sintáctico no son diferentes: salvando las diferencias fonéticas y morfológicas (que pueden causar más de un quebradero de cabeza a los iniciados), es posible traducir un texto griego escrito en un dialecto con el conocimiento de otro dialecto. Con un buen conocimiento del dialecto ático literario, es posible leer y traducir a Safo si tenemos en cuenta las características fonéticas y morfológicas del dialecto eólico usado en la poesía... Los aspectos sintáctico y semántico no guardan grandes diferencias, al menos no para quienes no se especialicen en conocer a fondo cada dialecto.

Otro tanto cabe decir de la cultura griega. Por supuesto, ninguna cultura se mantiene tal cual es a lo largo de los años. Los acontecimientos históricos, los avances o retrocesos tecnológicos, y sobre todo, los contactos con las otras culturas y la extensión geográfica de la propia cultura, son las que constituyen en buena medida la cultura de un pueblo. En el caso de la cultura griega, esto se da de manera muy especial. Sabido es el contacto que el pueblo griego mantiene con los demás pueblos a través, sobre todo, del comercio marítimo y de sus viajes en busca de territorios donde establecer colonias. Incluso si, como a veces se dice, los turcos han influido tanto en los griegos que han llegado a "turquizarlos", existen cuestiones relacionadas con la identidad del pueblo griego que se han conservado. En principio, la cuestión de la lengua; luego, la cuestión de su cotidianeidad (por ejemplo, la religión ortodoxa, los bailes en grupo, la música por lo menos hasta los años '70, las formas de celebración a través de la rotura de objetos cerámicos o de otro material, el almacenamiento de víveres en jarrones llamados πίθοι (píthi), entre otras tantas).

Todas estas razones, que me parecen suficientes, me hace decir lo siguiente: una persona que ama la lengua y la cultura griegas, o que al menos, las enseña, debe considerar todos los períodos históricos de la lengua y la cultura griega: si bien puede especializarse en un aspecto de la misma, es necesario tener un conocimiento profundo (no somero; profundo) de todas las manifestaciones culturales de este pueblo. Si yo me especializo en la lengua y la cultura alemana del siglo XVII pero sin intentar conocer los períodos anterior y posterior a la misma, y sin entrar en contacto con los alemanes nativos o sus descendientes, que son descendientes directos y receptores histórica y biológicamente genéticos de ese legado, mi trabajo será totalmente mediocre porque, además de que carezco totalmente de sentido histórico, me estoy negando la posibilidad de entrar en contacto vívido y real con los herederos de esa cultura que estoy estudiando, porque sin duda alguna la lengua y la cultura en la que quiero especializarme se manifiestan a través de ellos, mediados desde luego por la distancia en el tiempo y en el espacio. Pero siendo consciente de esa distancia histórica, me parece absolutamente necesario penetrar en la cultura de un pueblo a través de sus descendientes vivos si es que estos existen. Se trata del legado y de la identidad; de la tradición y de la mediación que un especialista debe cumplir para con su propia cultura y la cultura que se propone investigar; se trata del compromiso del especialista con su propio contexto y con su trabajo. No se trata de otra cosa.

Lo dicho se manifiesta de manera más patente a la hora de estudiar una cultura de tradición oral como, por ejemplo, la cultura mapuche. Si pretendo estudiar la literatura mapuche sin entrar en contacto con los hablantes que aún quedan y la transmisión que éstos han hecho de su lengua, de su mitología y de su cultura, voy muerto, básicamente.

Si examinamos aquellas culturas que no han dejado descendientes vivos, podemos constatar los tremendos problemas que tienen los especialistas no sólo para identificar sus elementos culturales sino también su lengua. La cultura minoica, la cultura cicládica (desarrolladas en las islas hoy griegas), la cultura del valle del Indo (cercana a la India)... Y podría citar otros muchos ejemplos.

De modo que el estudio de la lengua y la cultura griegas, situado en cualquier período histórico, puede hacerse mucho más eficaz si entramos en contacto con los hablantes de griego hoy en día, guardianes y descendientes directos y legítimos de esa cultura milenaria. Por eso no comprendo la actitud de quienes pretenden estudiar griego antiguo sin tener un conocimiento siquiera somero del griego actual. Por eso no entiendo cómo no hay todavía un contacto más sólido con los inmigrantes griegos de Ingeniero White (Bahía Blanca), excepción hecha, según he podido ver hasta ahora, del Dr. Mario Ritacco.

Este ejemplo icónico sustenta lo que acabo de decir. Es curioso cómo el pueblo griego ha sabido mantener ciertas tradiciones a lo largo del tiempo.

Danza en cadena. Detalle de un fresco sobre una tumba griega, alrededor de 400 a. C. (siglo V a. C), Ruvo di Pulia, sur de Italia (Magna Grecia), descubierta en 1833 y preservada en el Museo Nationale de Nápoles.


Danza griega en la época actual, que parece τσαμικός/καλαματιανός (chamikós/kalamatianós, danzas de la Grecia continental cuyos orígenes pueden rastrearse en la Antigüedad), con la ropa considerada típica del pueblo griego. Los hombres llevan puesta una φουστανέλα (fustanela, usada como ropa tradicional griega a partir del siglo XIX, aunque siempre fue típica de las poblaciones balcánicas) y las mujeres llevan ropa típica de la Grecia central (vestido blanco, chaleco de lana, delantal de fieltro rojo y pañuelo blanco con φουντάκι o "pomponcito").

Voy a citar un solo ejemplo contundente. Para la cátedra Literatura Griega de mi universidad realicé un análisis sobre el mito de Pandora en Hesíodo. El mito de Pandora consiste en que, después de que el titán Prometeo roba el fuego a los dioses, el dios Zeus urde un plan por el cual los demás dioses crean una mujer con una tinaja (πίθος), a la que llaman Pandora y envían a la tierra junto a los hombres. Pandora abre la tapa de la tinaja y libera todos los males contenidos en ella, de manera que sólo la esperanza queda dentro de ella.

Creación de Pandora (aquí llamada "Anesidora") por Atenea y Hefesto

"Prometheus bringt der Menschheit das Feuer" (Prometeo lleva el fuego a los hombres) (Wien, Liechtenstein Museum) del pintor alemán Heinrich Friedrich Füger (1817)

¿Es la esperanza un bien o un mal para la cultura griega? Pregunta pertinente, a mi modo de ver. Si uno toma un enfoque estrictamente filológico, es decir, si uno se basa en el texto y en las interpretaciones de otros especialistas, no hay una respuesta posible a esta pregunta. Pero si uno complementa su análisis con los elementos que nos proporciona la arqueología, se da cuenta de que la tinaja, en la época de Hesíodo, cumplía una doble función: guardaba víveres al tiempo que servía de ataúd para los muertos. Con esto es posible indagar que la esperanza podía cumplir tanto una función como la otra, es decir, ser un bien o un mal según la ocasión. Tal es la naturaleza de las tinajas griegas. Esto se halla suficientemente explicado en un trabajo de la arqueóloga norteamericana Tracy Cullen, de 1990 (Cullen, Tracey y Keller, Ronald (1990) “The Greek pithos through time: multiple functions and diverse imagery” en Kingery, W. D. ed. The changing roles of ceramics in society: 26,000 B.P. to the present Vol. V, Westerville (OH), The American Ceramic Society, Inc., pp. 183-209.).




Si uno constata el uso de estas tinajas en la cultura griega actual, está claro que la arqueología (y la filología, como vemos ahora) necesitó de la observación del mismo para establecer hipótesis acerca del uso que se le dio en aquella época, o para establecer qué chequeos de datos deben hacerse (análisis químico de restos de comida, por ejemplo). De hecho el artículo citado de Cullen dedica un apartado al uso actual del pithos, sosteniendo que con el fenómeno del plástico no se producen más; o sea que fue una tradición que murió hace pocos años, poco antes de 1990 (fecha de publicación del citado artículo).




Y este ejemplo creo que sustenta mi afirmación inicial.

Sostener lo contrario a estas afirmaciones, eso para mí constituye un prejuicio no fundado. En mi opinión (esto ya es un prejuicio, desde luego), esos dichos son producto de un febril deseo de mediocridad o de ignorancia procedente de la falta de información (que espero haber suplido con mis razones aducidas). Muchos especialistas, lamentablemente, continúan sosteniendo estas opiniones, sin saber el prejuicio que poseen por tradición y no por una indagación real y crítica del contexto en que fueron instruidos. Nosotros los estudiantes argentinos del siglo XXI no debemos ir por ese camino; debemos ser conscientes de nuestra tradición.

domingo, 31 de marzo de 2013

Una publicación mía

Χαίρετε! o γεια σας!

Quería comentarles que hace poco se publicó mi primera reseña de un libro en la revista académica Circe de clásicos y modernos, revista editada por la Universidad Nacional de La Pampa, Argentina. Les recomiendo que vean también los demás trabajos publicados en esta edición (hay artículos y reseñas de gente amiga; mención especial merece Constanza Filócomo, amiga mía, fiel seguidora del blog y joven investigadora).

Agradezco muchísimo a la Dra. Viviana Gastaldi, gracias a quien he podido publicar la reseña, que está enmarcada en su proyecto de investigación, y así como a las profesoras que han visto y corregido mi artículo, haciéndome oportunas observaciones sobre puntos que merecían ser mencionados y que yo, por darlos por sobreentendidos, no los había tratado.


Aquí pueden consultar los números de la revista: http://www.biblioteca.unlpam.edu.ar/defaultns.htm


Es una reseña de un libro sobre Sófocles que salió publicado hace poquito. Su autor es Simon Goldhill, uno de los filólogos más reconocidos en el tema tragedia griega, y en especial la de Sófocles. Me estoy especializando en la tragedia de Sófocles.

Encuentro que Sófocles es un autor fascinante para trabajar, sobre todo por las claves de lectura que pueden verse a través del texto y la sutileza con la que van apareciendo vocablos que son los que resultan determinantes en la trama. Por ejemplo, los términos para "ver" y "conocer" en griego aparecen por doquier en el Áyax de Sófocles y permiten analizar esa tragedia desde puntos de vista interesantes. Aquí mismo he publicado mi primer artículo, en el que hablo sobre esos puntos.

Bueno, que lo disfruten. Por supuesto, si leyeron el libro y quieren hacer una crítica a mi reseña, pueden hacerlo.

lunes, 25 de marzo de 2013

Festejo

¡Por fin he conseguido todos los libros que quería para mis investigaciones de científico loco! El viernes conseguí el libro de Michel Lejeune de 1972.

(Debo agradecer al Profesor Santiago Carbonell de la Universidad de Alicante por haberme recomendado, en su momento, la lectura de Saúl Tovar).


Algunas pruebas del iotacismo de la pronunciación histórica, en debate (y dos pequeñas fes de erratas)

Μέγα χαίρετε πᾶσι,

Sé que estoy un poco insoportable con el tema de la pronunciación histórica. Pero no será por mucho tiempo más. Quería comentarles algunas investigaciones que estuve realizando.

Quiero hablar sobre dos pruebas del iotacismo a las que aluden los defensores de la pronunciación histórica, que tal vez se hayan malinterpretado tanto por erasmistas como por historicistas.

Prueba 1.

Platón en Cratilo 418b-c dice: 

ΕΡμ. Πως λέγεις;   
Σω.  Εγω σοι ἐρω. οισθα οτι οι παλαιοι οι ἡμέτεροι τ ιωτα και τ δέλτα ευ μάλα ἐχρωντο, και οὐχ ηκιστα .ξ αι γυναικες, αιπερ μάλιστα τὴν ἀρχαιαν φωνὴν σζουσι. νῦν δὲ ἀντι μὲν τοῦ ιωτα η ει η ητα μεταστρέφουσιν, ἀντι δὲ τοῦ δέλτα ζῆτα, ως δὴ μεγαλοπρεπέστερα οντα.   
ΕΡμ.  Πως δή;   
Σω.  Οιον οι μὲν ἀρχαιότατοι ιμέραν τὴν ἡμέραν ἐκάλουν, οι δὲ ἑμέραν, οι δὲ νῦν ἡμέραν. 

Traducción (no es totalmente mía):

HERM. - ¿Qué quieres decir?
SÓC. - Te diré. Ya sabes que nuestros antepasados empleaban mucho la iota y la delta, y sobre todo las mujeres, que son precisamente las que conservan la pronunciación antigua. Ahora, sin embargo, en vez de iota emplean epsilon (ei) o ita, y en vez de delta, zeta, como si en verdad fueran más magnificentes.
HERM. - ¿Cómo es eso?
SÓC. - Por ejemplo, los más antiguos llamaban himéran al día y otros, heméran; los de ahora, sin embargo, hēméran.

Platón vivió a partir del 427 a. C., año en el que ya estaban en uso las letras H y omega. Debemos recalcar que la fecha de composición del diálogo es aproximadamente en el año 384 a. C. (siglo IV a. C.).

Lo que Platón está diciendo aquí que convivían iotacismo y etacismo en una misma época, siendo el iotacismo más antiguo. Esto es lo que interpretan al menos Saúl Tovar y muchos de los historicistas. Caragounis, sorprendentemente, comete un error al interpretar la EI mencionada por Platón como el diptongo EI y no como el nombre antiguo de la letra epsilon (que nosotros hemos aprendido en nuestro Curso). (cf. p. 371, nota 89 del libro The development of Greek and the New Testament).

El filólogo Sven-Tage Teodorsson (en su artículo de 1979 llamado Phonological variation in Classical Attic and the Development of Koine, en Glotta 57, pp. 61-75) refuta esta afirmación de Platón por no encontrar un testimonio que lo corrobore. No faltan razones: 
  • Antes la grafía E se usaba para el sonido de H. 
  • Entonces, si el sonido de H era el de I o similar antes de la adopción de H como letra, debería haber habido un error ortográfico del tipo "I en lugar de E". Esto no se encuentra excepto cuando H comienza a usarse como letra vocal (como observa Caragounis).
Entonces, ¿debemos dar descrédito a esta afirmación de Platón sin más, y pensar que H sonaba desde el principio como E y luego como I?

Tal vez la Prueba 2 nos dé una solución a esta pregunta.

Está sacada de Galeno (nacido en 129 d. C. y muerto en 200 o 216 d. C.), que a su vez está citado por los filólogos historicistas Minoyde Mynas (en Calliope ou Traité sur la véritable prononciation de la langue grecque, de 1825) y D. Jacinto Díaz (en Breve tratado sobre la pronunciación griega, de 1864). 

Galeno, In Hippocratis librum vi epidemiarum commentarii vi 17b.111.7-16:

γραφόντων γὰρ των παλαιων τόν τε τοῦ η φθόγγον και τὸν τοῦ ε δι᾽ ἑνὸ χαρακτῆρο, ο νῦν μόνο ημαινει τὸν ετερον φθόγγον τὸν τοῦ ε, πολλὰ γέγονεν ἁμαρτήματα των ἐκγραφομένων, οὐ κατὰ τὴν γνωμην των γραψάντων τὴν μετάθειν των γραμμάτων ποιηαμένων. διὸ και προέχειν ἀκριβω χρὴ ται τοιαύται γραφαι, ἐν αι δυνατόν ἐτι τὸν τοῦ η φθόγγον ει τὸν τοῦ ε μεταθέντα η τουμπαλιν γράψαντα ἐπανορθωαθαι τὴν γραφήν. ὁμοιω δὲ κἀπι τοῦ ο και ω ποιητέον, ἐπειδὴ και τούτων ἀμφοτέρων οι φθόγγοι δι᾽ ἑνὸ χαρακτῆρο ἐγράφοντο.

Traducción (malísimamente mía):

Pues al escribir los antiguos el sonido de la H y el de E mediante un caracter, el cual ahora indica solamente el segundo sonido, el de E, surgieron muchos errores de los copistas, no según conocimiento de quienes escribían el cambio de las letras hechas. Por lo cual hay que fiarse con cuidado de estas mismas grafías, en las que posiblemente haya que restablecer la grafía tras cambiarles el sonido de H al sonido de E, o tras escribirlas de la manera contraria. De semejante modo debe hacerse con la O y la ω, cuando los sonidos de ambas letras eran escritas mediante un solo caracter.

Sin duda un revelador pasaje, que nos dice que el sonido de E y H eran distintos. A juzgar por lo que dice aquí, las grafías de H y omega comenzaron a utilizarse porque efectivamente describían sonidos distintos a E y O (aunque no se especifica cuáles eran esos sonidos).

¿Y entonces?

Desde los inicios de la escritura griega en la región del Ática había 3 grafías: E, EI (diptongo propiamente dicho) e I. A partir del siglo VII a. C. la grafía EI pasó a designar también el producto del alargamiento compensatorio o de la contracción (que antes se escribía E).

Esto generó confusiones ortográficas de EI con E y viceversa, no sólo la EI que representaba ese alargamiento o contracción sino también el EI diptongo propiamente dicho (con lo cual vemos que el diptongo para el siglo VII a. C. se había monoptongado).

En el siglo VI a. C. la grafía EI, además de confundirse con la grafía E, comienza a confundirse con la grafía I. Con lo cual se supone que la confusión con E era conservadurismo ortográfico y la confusión con I era innovación (teniendo en cuenta de que el sonido actual es el sonido I).

Aquí hubo un acercamiento muy grande de la grafía EI al sonido I. No obstante seguían los errores con la grafía E, por conservadurismo ortográfico y por obedecer a una intención (también conservadora) de establecer para la grafía EI el sonido de E (hipótesis muy plausible teniendo en cuenta lo celosos que son los griegos de su propia lengua; no en vano pudieron mantenerla con leves variaciones a lo largo de 4000 años). El sonido de EI intentaba corregirse y hacerse sonido de E, pero predominó el elemento innovador (el que persiste hoy en griego), o sea, el sonido I.

Puesto que EI se confundía con E y con I, y que I se confundía con EI, pero no E con EI, EI ya había pasado a tener un sonido distinto del de E (o sea el de I) pero intentaba ser como el de E.

Alrededor del 450 a. C., siglo V, aparece la H como vocal, extraída del alfabeto jónico, en vista de que su utilidad como marca de aspiración estaba ya en desuso. Si aceptamos lo que dice Galeno (que responde, en su condición de erudito, al ala conservadora de la ortografía/fonética), la E marcaba dos sonidos distintos: el sonido de E, que quedaría para la grafía E, y el sonido de H que quedaría para la grafía H.

Ya en el momento de aparición de H comienzan las confusiones con EI y también con I, con lo cual vemos que fonéticamente el sonido era el mismo. Incluso podría pensarse que la H se inventó para quitarle a la E ese sonido innovador similar a I que se estaba empezando a notar. Pero esto ya es ir demasiado lejos: el hecho es que con la aparición de H comienzan las confusiones con EI e I, y viceversa.

Y a su vez el conservadurismo ortográfico pujaba para restablecer el sonido de E, lo cual generó que EI y E se confundieran recíprocamente y H y E también. La confusión de EI y H con E respondía a ese conservadurismo. Pero las confusiones de E con EI y H debían deberse a que ese conservadurismo ortográfico derivó en un conservadurismo fonético respecto de EI y H.

Ya en el siglo V se hacen frecuentes las confusiones entre EI e I, y viceversa, con lo cual vemos que la batalla había sido ganada por el sonido I; aunque continuaba el conservadurismo ortográfico devenido en fonético con E, éste no triunfó.

Pero lo que no se pudo imponer con la grafía EI, sí se pudo imponer con mucho más éxito con la grafía H, de modo que las confusiones de H con I y con EI persistieron, pero también lo hicieron las confusiones de H con E. Con lo cual había "itacismo" y "etacismo".

La inserción de H es un proceso que culmina con la adopción del alfabeto jónico en 403 a. C.

Para el siglo IV a. C. se cumplió de forma definitiva el "trasvase" de sonido I para la grafía H (esto está corroborado por Brandenstein en Lingüística griega de 1964, y es el sonido que se conserva hasta nuestros días).

Pero el conservadurismo ortográfico/fonético continuaba siendo muy fuerte. Entonces EI y H (confundidas entre sí) se confundían por un lado con E y por otro con I. En el caso de la grafía EI, éste es el último siglo en el que se cometen errores con E. En el caso de la grafía H, el conservadurismo fue bastante lejos, al punto de tener grafía y sonido de E hasta bien entrado el siglo III d. C.

Con la grafía EI el conservadurismo no fue tan fuerte porque, en primer lugar, en su momento no pudo mantenerse el mismo por falta de estandarización del alfabeto, y en segundo lugar, ya estaba bastante incorporado el sonido de I como para que funcionara un cambio de sonido ranciamente conservador.

La tesis que sugiere el testimonio de Galeno y los datos proporcionados por las inscripciones, entonces, permiten volver al testimonio de Platón. Platón decía que el "itacismo" era más antiguo que el "etacismo". ¿Qué tan antiguo puede ser el uso excesivo de I que luego derivaría en un uso de E o de H?

Platón debe referirse aquí a otra etapa de la lengua griega, otra etapa cuyos vestigios evidentemente quedaron en otros dialectos pero que en el habla ática cambiaron (Platón se refiere al habla ática como una "nueva y bella forma"). En cretense, dórico, eólico y beocio se registra mucho sustitución de I por E; también en jónico. Con respecto al uso de delta en vez de zeta, aparece sobre todo en dialecto dórico, DEYS en vez de ZEYS, por ejemplo (siendo la forma dórica la más próxima al resto de las lenguas indoeuropeas). No olvidemos que Platón, al hablar del pasado, alude siempre a las épocas homéricas. De cualquier manera el dato lingüístico aquí se torna muy impreciso.

Sin embargo había tendencias "nuevas" que utilizaban E o H en vez de I; a esta cuestión se refiere Platón.

Podemos interpretar también que Platón hace alusión indirecta al hecho de que oi palaioi no utilizaban la grafía H sino la grafía E. Platón conocía con toda seguridad el hecho de que antes E servía para escribir los sonidos de E y H (Cratilo, 426c); Galeno, más de 600 años después, era perfecto conocedor del hecho.

Cabe mencionar que todos estos datos e interpretaciones no excluyen la posibilidad de que H y EI hayan tenido un sonido intermedio entre E e I (no siendo ninguno de los dos). A juzgar por los testimonios, Platón toma a H como distinta de I y de E, de la misma manera que lo hace Dionisio de Halicarnaso (De compositione verborum, 14.40-43) y tal vez, aunque ésta sea una interpretación indirecta, Galeno (por decir H en vez de I).

De cualquier manera, incluso el erasmista sofisticado Allen sostiene que alrededor del 200 d. C. hay confusiones frecuentes entre H e I al tiempo que dejan de ocurrir las de H con E (no ocurre lo mismo con las confusiones de EI con E, que ya habían desaparecido en el siglo IV a. C., cf. Allen, Vox Graeca, pp. 68, 71).

Con esto hemos dado un sentido más sólido a las pruebas aportadas por los historicistas, según creo.

Fe de erratas: las inscripciones que antes di como prueba no lo eran. En efecto, en la Magna Grecia existió una ciudad llamada Ἱμέρα, y sus habitantes eran llamados Ἱμεραῖοι. Por lo tanto las inscripciones citadas no tenían errores de grafía sino que daban el nombre de la ciudad. Me disculpo ante mis lectores por haber cometido tamaño error, propio de un aprendiz.

Fe de erratas 2: fue incoherente de mi parte pensar que cuando Platón se refiere al "habla de los antiguos" se refería al modo de hablar de una época pasada cercana en el tiempo a Platón o a Sócrates, y refiriéndose exclusivamente al dialecto ático. Lo deducimos de lo siguiente: en primer lugar, no es la única vez que Platón usa el pronombre ἡμέτεροι cuando habla de oi palaioi. En 398b Platón menciona a "nuestro antiguo modo de hablar". Y en segundo lugar, cuando lo hace, se refiere a la palabra "daemones", que pertenece a la lengua épica; con lo cual hay una imprecisión en el dialecto y efectivamente se está refiriendo a una época más antigua que el siglo VI.

Hay que cotejar qué ocurre con el sonido de /i/ en los otros dialectos, por lo tanto.

martes, 12 de marzo de 2013

Introducción a la cuestión de la pronunciación griega / Reflexiones sobre mis errores cometidos aquí en este asunto

Como he anticipado en posts anteriores, existe una fuerte polémica en torno a la pronunciación del ático del siglo V a. C., en vista de que, por obvias razones, no tenemos una grabación sonora de ningún griego que haya vivido esa época. Voy a contar un poco esto para introducir a mis lectores en la cuestión.

Con la caída de Constantinopla en 1453 a manos de los turcos, los eruditos bizantinos emigraron a Occidente con muchas obras literarias antiguas y medievales, lo que fue un importante estimulante del Renacimiento en la cultura europea occidental. Estos eruditos se dedicaron a enseñar griego. Un día, Erasmo de Rotterdam, uno de los representantes del humanismo renacentista en Europa, recibió una noticia sobre la pronunciación que usaban sus maestros griegos: aparentemente esta pronunciación era corrupta, no griega. Basándose en esa premisa escribió un diálogo llamado De recta latini graecique sermonis pronuntiatione (Sobre la correcta pronunciación del habla latina y griega) en el que propuso un modelo de pronunciación llamada posteriormente erasmista.

Este modelo de pronunciación, si bien aportaba algunas pruebas, sobre todo basadas en transliteraciones del griego al latín (ya hemos visto que son pruebas problemáticas y expuestas a exégesis de todo tipo), dejaba de lado muchas otras pruebas que atestiguaban lo contrario a lo propuesto por Erasmo, y además no tenía en cuenta la polimorfia de la lengua griega.

En nuestro blog usamos la pronunciación nacional, la que los griegos usan hoy en día (y que vienen usando desde hace por lo menos 2000 años). Esta guarda algunas diferencias importantes con la pronunciación erasmista, sobre todo en lo que hace a las vocales y a los diptongos. En efecto, en la pronunciación nacional los diptongos tienen un solo sonido vocálico, mientras que en la pronunciación erasmista los diptongos se pronuncian letra por letra (siendo dos los sonidos vocálicos que se escuchan). 

Hay una vocal que ha causado más de un quebradero de cabeza a los filólogos en cuanto a su "verdadera pronunciación" y tal es la letra H (ita). Erasmo postula que el sonido de esta letra debió ser de una "E larga". Por esta razón el modelo erasmista es también llamado etacista. Por el contrario, la pronunciación nacional o histórica considera que la H suena como una I. Por esto se llama también itacista o iotacista.

Muchas críticas se han suscitado al modelo propuesto por Erasmo. El representante más preclaro fue el alemán Johann Reuchlin, que propuso usar la pronunciación nacional, la de sus maestros griegos. Por eso a la pronunciación nacional se la llama a veces reuchliniana. A pesar de dichas críticas, y pese a que aducieron montones de pruebas que corroboraban la falsedad del sistema erasmista, éste comenzó a utilizarse en las escuelas y universidades, con la premisa de que la pronunciación bizantino-moderna era corrupta y alejada de los monumentos de la antigüedad griega. Se propagó rápidamente por todo Occidente y es el modelo que llegó a nuestra Latinoamérica a través de los jesuitas españoles principalmente, siguiendo seguramente los preceptos del gramático Antonio de Nebrija (que proponía pronunciar "letra por letra" los signos escritos).

En resumen: gracias a la "premisa de la corrupción bizantina", los occidentales pudieron apropiarse de la cultura griega y reclamarla como propia de Occidente, establecer una tajante división entre griego clásico o antiguo y griego moderno, llamar al griego antiguo "lengua muerta" cuando en realidad es sólo un período histórico de la misma lengua de más de 3500 años de continuidad, y sobre todo, imponer cualquier modificación al griego que venga en gana al intérprete (como por ejemplo la aberrante propuesta del filólogo Henninius, ¡¡que propuso acentuar las palabras griegas a la manera del latín!!).


Pero hasta ese momento las razones para adoptar una pronunciación erasmista fueron principalmente histórico-políticas y/o religiosas antes que lingüísticas y filológicas (si bien ambos elementos aparecían mezclados, a veces con mayor cientificidad que otras). Un ejemplo de ataque a los bizantinos mediante la historia lo constituye el filósofo Hegel, al que un pensador como Enrique Dussel considera un gran justificador del pensamiento occidento-centrista.

La situación comenzó a complicarse con la aparición de la lingüística comparada en el siglo XIX. Grosso modo, el método comparativo parte de similitudes encontradas y verificadas en dos lenguas distintas para establecer su parentesco, y para hallar mediante predicciones teóricas la proto-lengua madre. A partir de las teorías propuestas por los lingüistas de esta corriente, ciertos filólogos dieron un fuerte sustento a la tesis erasmista. Vamos a llamarlos reconstructivistas o erasmistas sofisticados, para diferenciarlos de los erasmistas propiamente dichos o erasmistas ingenuos.

Las pruebas que proponen los reconstructivistas tienen bastante mayor solidez que las de los "erasmistas ingenuos", porque aportan testimonios de inscripciones y de los gramáticos antiguos, pero sobre todo las interpretaciones de la lingüística comparada. Además de aportar las pruebas de los erasmistas ingenuos (por ejemplo la del fragmento del cómico Cratino). Por otro lado, se eliminan (al menos en parte) las desvalorizaciones hacia las culturas bizantina y griega moderna.

Los reconstructivistas han, por lo tanto, sofisticado la tesis erasmista, aportando como pruebas no sólo los testimonios de los gramáticos, sino también estableciendo la comparación con diversas lenguas hermanas (el sánscrito, el latín, el persa antiguo y otras tantas). Han debido admitir que el diptongo EI se pronunciaba con un solo sonido vocálico y no con dos como admiten los erasmistas ingenuos.

Pero ciertamente la pronunciación histórica griega se ha dejado de lado al intentar reconstruir el sistema fónico antiguo del siglo V a. C. Por otro lado, siguen sin tenerse en cuenta testimonios de gran validez como los de las inscripciones en las que se verifica la antigüedad de la pronunciación histórica.

Cuando nos referimos a los erasmistas sofisticados, nos referimos tanto a los lingüistas como a los que han escrito tratados fonéticos o de pronunciación. Desde luego, no podemos tratar a los lingüistas o fonetistas del mismo modo que los que sólo se han dedicado a la pronunciación. Contra los últimos hemos de poder aducir pruebas contundentes, pero contra los primeros se requiere una revisión a fondo de sus premisas, teorías, pruebas y conclusiones. Esta última labor sin duda resulta mucho más exhaustiva que la primera. Estamos en eso, mis queridos lectores. Desde luego, no puede negarse el valor científico de obras como la Lingüística Indoeuropea de Rodríguez Adrados o la historia de la lengua del mismo autor, así como los tratados de fonética de Joseph Vendryès o Michel Lejeune. Por lo menos, no pueden negarse sin tener las herramientas suficientes. 

Ahora debe incorporarse el dialecto micénico a la cuestión. Con el desciframiento llevado a cabo por Michael Ventris y John Chadwick en 1953, muchas de las cuestiones referidas a la pronunciación de los antiguos tienen una herramienta más para que la ciencia lingüística pueda dar una respuesta. El citado Michel Lejeune ha ofrecido un esquema general de la fonética histórica del micénico y del griego antiguo en 1972, con su libro Phonétique historique du mycénien et du grec ancien.

Frente a la postura erasmista se hallan los historicistas o reuchlinianos, los defensores de la pronunciación histórica (entre quienes me cuento). Pretendemos mayor rigor histórico frente al derrotero del griego y tomar los datos que tenemos de facto, es decir, la pronunciación actual del griego y todas las inscripciones. Si gracias a eso podemos hacer notar la continuidad ininterrumpida del idioma a lo largo de 4000 años (hecho innegable) y, como suplemento, suscitar las investigaciones en busca de una mayor "honestidad fonética", tanto mejor. Nos parece ésta una actitud más honesta que postular por tradición una pronunciación artificial, sin dejar lugar a dudas, imponiendo dictatorialmente una "verdad" que se nos revela como falsa.

Creo que esta postura debe contar con las siguientes premisas:
  • No se pretende negar que la fonética griega sufrió diversos cambios a lo largo del tiempo. Es más, creo que tiene radical importancia el intercambio fonético /e/-/i/ registrado en los distintos dialectos, sea dentro de sí mismos o comparándolos entre sí. Sin embargo el problema está en cuándo tuvieron lugar esos cambios. Registrar el cambio exacto y su momento preciso puede que sea imposible, pero debemos asegurarnos un umbral de seguridad mínimo con respecto al siglo V. Si hay pruebas de iotacismo en el siglo V a. C., debemos ajustarnos a éstas y no tratarlas como corrupciones o anomalías. Lo mismo debemos decir respecto al etacismo.
  • Debemos tener una perspectiva histórica con respecto al griego, considerando diacrónicamente su estudio antes que sincrónicamente y tratándolo como una unidad continua y polimorfe antes que como una diversidad muerta, partiendo de la fonética viva actual pero articulándola con la lingüística histórica, de manera que no haya forzamiento de los datos empíricos.
  • Sólo la ciencia verdaderamente consciente de sus prejuicios (y por lo tanto, reduciendo o ajustando éstos al mínimo posible) será capaz de tener alguna opinión cuasi-definitiva sobre esta cuestión. No podemos comportarnos de manera ciega frente a nosotros mismos, los intérpretes. 

Lo que yo digo desde este blog es lo siguiente: teniendo en cuenta que se trata de un curso de griego clásico, en el que tomamos como modelo el ático del siglo V a. C., nuestro problema está en cómo se pronunciaba el ático del siglo V a. C., ni más ni menos. Los demás dialectos no nos incumben aquí.

Si he de tomar una posición me inclino por una mezcla (no incoherente) entre las posiciones de Saúl Tovar y las de Chrys Caragounis (ambos historicistas).

Ya hemos introducido a los lectores en la cuestión de la pronunciación.

Vamos ahora a una cuestión que posteé hace unos días pero que luego borré, pensando en que había cometido un grave error. Lo cometí, en efecto, pero ahora atenuaré su gravedad.

En las págs. 73 a 75 del libro A selection of Greek historical inscriptions de Russell Meiggs y David Lewis, donde, como su nombre lo indica, se exhibe una selección de inscripciones griegas, aparece la lista de pérdidas humanas de la tribu de los eréctidas. La inscripción está datada entre 460-459 a. C. y fue hallada en Atenas (IG i. 433 / IG i2. 929).

La inscripción usa el alfabeto ático. Para aquel entonces, no se había adaptado el alfabeto jónico (eso fue en 403 a. C.) y la H y la Ω todavía no habían hecho su aparición.

De modo que los sonidos correspondientes a E, EI y H se escribían con E (eventualmente con una raya arriba indicando su cantidad).

Hace algunos días, yo había interpretado esta inscripción como un testimonio de iotacismo. En la línea 57 de la misma aparece el nombre "Καλλίας", escrito con I. Este nombre propio era bastante común en la Hélade, y así está admitido ortográficamente. En la línea 144 aparece el mismo nombre, pero esta vez escrito "Καλλέας".

Aquí la inscripción original (en el Museo del Louvre, Francia).


Recordatorio de muertos de la tribu de los Eréctidas. Mármol del Pentélico, ca. 460-459 a. C., hallada en Atenas en 1674. La inscripción dice: "De la tribu de los Eréctidas, muertos en guerra en Chipre, Fenicia, Halieis, Égina y Megara el mismo año. A continuación se muestra la lista de uno 170 muertos entre los cuales hay dos generales (strategoí) y un adivino.

El nombre KALLIAS se halla en la primera columna, cuatro nombres debajo del agujero de abajo, y KALLEAS se halla en la tercer columna, el 15º nombre contando de arriba hacia abajo.


Antes yo había interpretado que Καλλέας no era un nombre propio admitido en griego y lo tomé como un error ortográfico, de E por I. Pero ciertamente no es así. Se debe simplemente a una cuestión de elección fonética el usar la E en vez de la I para ese tipo de nombres.

Vale mencionar que no es sólo el nombre Καλλίας: con muchos otros nombres sucede lo mismo en las inscripciones áticas:

  • Αρχέας/Αρχίας
  • Νικέας/Νικίας
  • Καλλέας/Καλλίας
  • Φιλέας/Φιλίας
  • Χαρέας/Χαρίας
  • Χαιρέας/Χαιρίας
  • Προτίας/Προτέας

Lo curioso es que los nombres con E suelen aparecer en inscripciones más antiguas que aquellos con I, pese a que en muchas inscripciones áticas conviven los dos tipos de nombres y que ambas clases siguen apareciendo en todas las épocas posteriores. Así lo atestigua el Thēsauros tēs hellēnikēs glōssēs: Z - K, Volume 4 de Henri Estienne y Charles Benoît Hase (1841), en la col. 876: "in monumentis antiquis Καλλέας scribitur, ut Ἀρχέας Νικέας et alia hujusmodi." (en los testimonios antiguos se escribe Καλλέας, como Ἀρχέας Νικέας y otros del mismo tipo).


Desde luego, esto sólo nos dice (al menos así lo interpreto yo) que la elección de uno u otro nombre tenía que ver más con una cuestión de elección fonética que con un cambio fonético real, puesto que los dos tipos de nombres conviven mucho tiempo, incluso en las mismas inscripciones, como la citada aquí. Tampoco he encontrado estos nombres escritos con EI o H (no al menos en la región ática), lo cual me llama muchísimo la atención. Lo que esto nos dice es que antiguamente había mayor preferencia por E, pero luego comenzaron a aparecer nombres con I, con lo cual había una mayor afinidad fonética con el sonido I que con el sonido E, al menos desde el punto de vista estético.


Esto me hace pensar otras cuestiones. En un post anterior hemos hablado de que nos haría falta encontrar una confusión ortográfica entre E e I para estar algo más seguros acerca del sonido de H. Sin embargo, no hace falta: E e I claramente eran sonidos distintos: el problema lo tiene la H y el diptongo EI. Sobre éstos recae la cuestión de la confusión ortográfica: sobre éstos se decide el etacismo o el itacismo. Por lo tanto, a nuestro esquema anterior


E

                        confundidos con EI, H (y éstos entre sí)
I


lo reemplazamos por el siguiente:



EI / H (confundidos entre sí)              confundidos con E por un lado e I por el otro



En realidad parece que se trataba de que coexistían tanto los sonidos de E como de I para la grafía H (como dice Saúl Tovar en la Biografía de la lengua griega de 1990, pág. 333-337), mientras que EI (que existía como grafía para un doble sonido desde los tiempos más antiguos y que comenzó a usarse luego (siglo VII a. C.) para escribir una E alargada producto de contracción o alargamiento compensatorio) se confundía con I desde el siglo VI a. C.  (como dicen el mismo Tovar en págs. 320 a 323 y Chrys Caragounis en las pág. 365 a 367 del libro The development of Greek and the New Testament (2006)), pronunciándose un solo sonido como dicen incluso los erasmistas (aunque ellos le dan sonido de "E larga cerrada"), o sea, casi desde el momento en que comenzó a escribirse la E alargada antes mencionada (Allen, Vox Graeca, p.67). Si EI se confundía con E era por conservadurismo ortográfico (como remarca incluso el erasmista sofisticado Sidney Allen en Vox Graeca, p. 67-68, aunque nosotros llegamos, por testimonios de inscripciones, a una conclusión distinta que la de Allen. He aquí por qué para Allen debe tomarse como "E larga cerrada": "The fact that the monophthong is in some cases the product of an earlier diphthong [ei], comprising a mid and a close element, is one further indication that the resulting sound was a close mid vowel" [El hecho de que el monoptongo es en algunos casos el producto de un diptongo anterior [ei], que comprime un elemento medio y un elemento cerrado, es un signo adicional de que el sonido resultante era una vocal media cerrada] Como vemos se trata de una explicación meramente teórica que no tiene en cuenta la pronunciación actual ni la totalidad de las inscripciones griegas... y las pruebas que aduce por la transliteración del griego al latín parece más un problema de fonética latina que de fonética griega; cf. p. 69 del Vox Graeca).


En fin; con sólo "girar" los antecedentes y consecuentes evitaremos una nueva falacia sobre la lengua griega. Por eso no hace falta encontrar una confusión ortográfica entre E e I.

No obstante lo dicho, existían confusiones entre E e I en el nombre Καλλίας. Entre 377 y 376 a. C. hubo un Καλλέας arconte que algunas inscripciones llamaron también Καλλίας. Así nos lo dice el libro A manual of Greek historical inscriptions (1901) de Edward Lee Hicks y George Francis Hill, pág. 319: Καλλέας aparece en C.I.A. (Corpus Inscriptionum Atticarum) ii. 74, 671; Καλλίας en C.I.A. ii. 21, 22. No creo que se traten de confusiones ortográficas que respondían a un mismo sonido, como ya dije, sino más bien de confusión fonética.


Con esto nos parece haber subsanado el error que cometimos la primera ocasión en que publiqué este post.